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Recientemente he visto películas cuyo arco narrativo supera la media de duración. El gatopardo (1963), de Luchino Visconti; Heaven’s Gate (1980), de Michael Cimino, y El lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese, son filmes que, al igual que La vida de Adèle Capítulos 1 & 2 (2013), de Abdellatif Kechiche, que hoy se estrenó en los cines de México, narran una historia en tres horas. Todas estas obras acompañan a un personaje cuya evolución es notable, no se limitan a los puntos altos y bajos, sino que ahondan en lo que se encuentra en medio de estos.

El espectador observa a Adèle, que lee en el Liceo un pasaje de La vida de Marianne, de Marivaux, sobre el encuentro fugaz del amor, en sus actividades cotidianas. Aunque de una belleza exquisita, la chica no vive en el mundo idílico de la Francia cinematográfica. La intención de Kechiche es escudriñar su vida y no distraer la atención con otros elementos.

Adèle realiza muchas cosas antes de la aparición de Emma, la chica de cabello azul de la que se enamora al cruzar una calle. El público acompaña a la protagonista a la escuela, la observa dormir, comer, leer, pasar tiempo con su familia, salir con un compañero de escuela, tener relaciones sexuales con él, besarse con una chica en unas escaleras, etc.

El filme no es sólo una película sobre el amor. Kechiche establece las diferencias entre Adéle y Emma para representar dos ideologías y, de paso, anunciar el fracaso al que está condenada su relación. Emma es segura, determinante y cerebral; Adèle, en sentido contrario, es tímida, complaciente y sensual. Estas dos visiones de la vida se funden en una pasión compartida. Las secuencias de sus encuentros sexuales apoyan la función del espectador como testigo; sin embargo, su duración consigue abrumar, sensación que, sospecho, es la intención del director al adentrarse, sin limitaciones, en la vida del personaje y sobrepasar la superficie.

(Cuando vi el filme, programado en 55 Muestra, pensé que la tendencia del cine actual es reclamar su capacidad narrativa ante los celebrados megafilmes; ahora reflexiono y sé que esa posibilidad ya se había explorado).

La puntual visión de Kechiche, que muestra la transformación de la vida de Adèle, que incluye la separación de su familia, su incursión en el mundo laboral, su rol de soporte para el encumbramiento de Emma como una prominente artista, que, infructuosamente, intenta que su compañera explote sus dotes creativas, mantiene su cometido: narrar la afectación de la protagonista como si se tratara de una novela de gran extensión.

La vida de Adèle, ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2013, se distingue: está en contracorriente a los filmes que restringen su arco narrativo y que exigen poca astucia y paciencia al espectador.

por @CarlKarlRoNa

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