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El colorido de Her, de Spike Jonze, me hace pensar en lo grisáceo. El director usa el artificio multicolor, que alude al bienestar y la inclusión, para mostrar la historia de un personaje solitario, sin voluntad, que confunde la experiencia con la simulación.

Her, que a estas alturas debe ser la delicia de una generación desencantada del desequilibrio entre el desarrollo tecnológico y la escasa oferta de empleo, presenta a Theodore, interpretado por Joaquin Phoenix, un hombre temeroso y sin ninguna aspiración, varado en un proceso de divorcio, que se enamora de Samantha, su sistema operativo, a quien da voz Scarlett Johansson.

Jonze no sólo expone el conflicto entre realidad y virtualidad, frecuente en quienes nacieron a finales de la década de los setenta. La película muestra el potencial de control que tiene la tecnología, y quienes la manejan. Theo realiza simulacros de amistad y amor con su sistema operativo, depende de este.

El planteamiento de la película es actual. La tecnología de los teléfonos inteligentes y los sistemas operativos son una constante en la necesidad de la comunicación pasiva, sin riesgos, que capitalizan las compañías tecnológicas y de comunicación.

por @CarlKarlRoNa

 

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