Al pensar en Blue Jasmine, filme de la 55 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, surge la pregunta: ¿Woody Allen es vanguardia? Allen es el cineasta de mayor edad, cumplirá 78 años el próximo 1 de diciembre, presente en esta edición, que exhibe las más recientes obras de Winding Refn, Kechiche, Seidl y Ozon, entre otros.

Jasmine es una película que oscila entre dos tiempos narrativos: el presente y el pasado, aunque bien diferenciados, no como ocurre con la melancolica Another Woman (1988), una de las mejores películas del director estadounidense.

Cate Blanchett es Jasmine, una mujer madura que ha perdido al esposo que le proveía de todos los caprichos y lujos que una mujer neoyorquina de película requiere. Jasmine es la primera mujer Allen sin pretensiones intelectuales, el director decidió hacer más cínica a su mujer prototipo, siempre nerviosa, contradictoria y cerebral. La protagonista se muda a San Francisco con su hermana, a la que detesta, para resistir la caída de su posición social.

Aunque Allen no muestra nada nuevo -el tema de la ambición está en buena parte de su filmografía (Crímenes y pecados, 1989; Match Point, 2005)-, es innegable, como siempre, su capacidad para construir personajes contradictorios y fascinantes. Blanchett realiza una actuación, la mejor desde su versión de Bob Dylan en I’m not There (2007), que se mueve entre los límites de la cordura y el desequilibrio psíquico.

Aunque es un film dramático, Allen no deja del todo la comedia, presente en la hermana de Jasmine, que interpreta Sally Hawkins, creando un híbrido que hace hincapié en el desequilibrio.

por @CarlKarlRoNa

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