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Julianne Moore, fetiche pelirrojo en Boogie Nights

Julianne Moore, fetiche pelirrojo en Boogie Nights

Sigmund Freud dijo que el fetichismo es un comportamiento sexual donde un objeto o parte del cuerpo facilita o acelera la excitación sexual. La diferencia entre la realidad y la ficción es uno de los punto debatibles de los fetiches, la pantalla de cine podría funcionar como una proyección de los deseos inconscientes del hombre.

Algunos de los cineastas con mayor influencia en la historia, usaron fetiches como expresión particular de su mundo interno, también para provocar y alterar el orden establecido, siempre tambaleante cuando se viola el comportamiento permitido en la sexualidad.

Alfred Hitchcock (1889-1980) plasmó una fascinación especial por el cabello de las actrices elegidas para sus films, casi siempre rubias desde el inicio de su filmografía. Para el director las mujeres son, en muchos casos, un objeto de posesión masculina. Es el caso de Vértigo (1958) y Marnie, la ladrona (1964), donde ambas mujeres cambian el tono de su cabello como sometimiento, una forma de travestismo, acto recurrente en el teatro y el cine.

Observen el clip de Marnie, uno de los films más importantes y menos recordados de Hitchcock, su grandiosa expresividad sin ninguna palabra, con el impresionante rostro de Tippi Hedren.

 

Luis Buñuel (1900-1983) plasmó en el consciente colectivo del cine la fascinación por las extremidades inferiores, las piernas y los pies. En casa cada una de sus películas hay una obsesión erótica con el uso de medias, zapatos de tacón o pies desnudos, que incluso correlacionó con la religión y el rito del lavatorio de los pies en el catolicismo, acto que retrató en Él (1953)

En Tristana (1970), Buñuel llevó al extremo su obsesión al mostrar la historia de una mujer con una sola pierna -característica del argumento que fascinó a Hitchcock, según declaró el director de Los olvidados. De jovencita de formas suaves y trémulas, Catherine Deneuve se convierte en una coja agria y rígida; en Buñuel también hay un guiño que une el poder y el sexo; observen la carga mórbida y excitante en las imágenes de Tristana.

 

Ahora vayamos con los creadores actuales. Paul Thomas Anderson (California, 1970) ha mostrado una gran atracción fílmica por las mujeres pelirrojas, en cada uno de sus films, a excepción de su debut, ha llamado a una actriz de cabello rojizo; Julianne Moore (Boogie Nights, Magnolia), Emily Watson (Embriagado de amor) y Amy Adams (The Master).

Los personajes femeninos de Anderson se distinguen por estar supeditados a los roles masculinos, pero tienen una fuerza persuasiva muy grande en estos; Moore plasmó contradicciones humanas poderosas en ambos films del director, al ser una estrella porno y una adicta y utilitaria fémina que vive procesos de redención.

 

Sofia Coppola (Nueva York, 1971) muestra un interés genuino por los retratos de mujeres jóvenes con conflictos de identidad,  marca de su cine que la aleja y distingue en el panorama contemporáneo; de Kirsten Dunst a Emma Watson, pasando por Scarlett Johansson y Elle Fanning. Coppola se ocupa de cuestiones estéticas con un cuidado extremo, por ejemplo el vestuario, la moda, el cual podríamos considerar su fetiche.

En el 2006 trabajó con la diseñadora de vestuario de Naranja mecánica (1971), Milena Canonero, para su versión de María Antonieta (2006), film por el que la artista ganó un Oscar por diseño de vestuario.

La ropa como una marca de la construcción de la identidad en Coppola, algo que salta a la vista en su próximo film, The Bling Ring (2013), que protagoniza Watson.

El estricto sentido artístico de los fetiches es una sublimación de deseos y recuerdos quizá olvidados, bloqueados.

por @CarlKarlRoNa

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